Recientemente he tenido la oportunidad de hablar con varias personas cuya situación laboral ha cambiado: algo muy normal en los días que vivimos. Pero curiosamente, estas personas tenían unas creencias hacia su nueva situación y desarrollaban una actitud muy positiva. Veían este momento como un buen momento para ellos, un momento que pueden aprovechar para estudiar, para desarrollarse, ¡e incluso para elegir qué quieren hacer con su vida! Algunas de ellas, gracias a esta situación, se han dado cuenta de que la vida que estaban llevando hasta ahora (en el plano laboral) no era la vida que ellos querían llevar. Tenían sus sueños, sus motivaciones para hacer tareas diferentes; pero habían dejado esos sueños aparcados por la rutina diaria y su trabajo. Han necesitado de un “empujón” para pasar de dejarse llevar en la vida, a ser ellos los que empiecen a dirigirla.
Pero lo que me gustaría abordar en este artículo, no es ya el potencial que podemos sacar de una situación de crisis, sino más bien, el potencial que tiene nuestra actitud, en general, hacia las cosas que nos suceden y las situaciones que vivimos.
¡TÚ ELIGES! Las cosas que nos ocurre en la vida, en general, dependen de nosotros mismos, de lo que buscamos, y de nuestra actitud para encontrarlo. Es cierto que otras veces no es así: si mi casa se la lleva una riada, o si mi empresa cierra… no es algo que yo haya buscado directamente. Pero la actitud y la filosofía que adoptemos ante todo lo que nos sucede sí depende de nosotros. Yo elijo si cuando me quedo sin trabajo prefiero regodearme en el pesimismo o si quiero levantar cabeza en busca de las oportunidades que la nueva situación me está brindando. ¡Y las hay!
Las emociones primarias son emociones, y por lo tanto no son racionalmente “elegibles” en general, pero sí que podemos racionalmente trabajar para cambiar/modular nuestras emociones más primarias. Si siento tristeza, puedo forzarme a realizar actividades contrarias a la tristeza: hacer deporte, cantar, tomar algo con amigos, … Se trata de actividades que puede no apetecernos hacer, pero que si nos forzamos y las realizamos luego nos hacen sentir mejor. Y con ello mejoraremos nuestro estado de ánimo, nuestra emoción, siendo nosotros los que elegimos. Ello desembocará en que las acciones que realicemos tengan un cariz positivo, de superación, de desarrollo.
¿Cuántos comerciales de empresas están en la calle, tratando de vender un producto, y cuando visitan a los clientes lo que oyen son quejas y más quejas? ¿Eres tú uno de esos clientes? ¿En qué te está beneficiando el quejarte? ¿Qué haces, en positivo, para cambiar la situación?
Recordemos: nosotros elegimos cómo queremos que nos afecten los acontecimientos de nuestro entorno, y, con ello, elegimos también nuestra actitud hacia la vida. ¿Por qué no invertir nuestra energía en avanzar hacia el futuro y no en quejarnos del pasado? Si tienes emociones negativas, tú eliges tener esas emociones, y está en tu mano cambiarlas. ¿Qué vas a hacer HOY para convertir esas emociones en positivas?












